T.S. Norio afirma que el pensador ruso, del que se cumplen ahora cien años de su muerte, «se pasó la vida diciendo «no» a los cargos que le ofrecieron tanto en el ámbito científico como político»

El escritor asturiano y prologuista de ‘Memorias de un Revolucionario’ (KRK) T.S Norio habló ayer de la «aventura de la vida» de Piotr Kropotkin, en la segunda de las charlas organizadas para celebrar el centenario del fallecimiento del pensador anarquista por el grupo Higinio Carrocera de Asturias (FAI). Norio, tuvo una brillante y amena intervención en la que desmenuzó los pasajes más interesantes de la vida del agitador ruso. La charla se desarrolló en el local Cambalache de Oviedo y fue seguida también en directo vía Internet.

Norio destacó la fuerza literaria de Kropotkin, que le recuerda mucho a Tolstoi y describió, para entender al personaje, la Rusia que vivió Kropotkin, una Rusia a diferencia de la Europa Occidental en la que quedaban aún resabios medievales, con un poder muy centralizado cuyos antecedentes están en reinado de Iván el Terrible y los señores boyardos y su pacto de sumisión a costa de protección, lo que impregnó la cultura social rusa. A ello hay que sumarle la religiosidad que llegó por el este, desde Bizancio. Sólo la llegada de los ejércitos franceses de Bonaparte abren al pueblo las nuevas ideas de revolución y libertad y trajeron «el fermento del cambio». Esas ideas calan y surgen grupos de nihilistas y revolucionarios entre la juventud que acaban siempre reprimidos». Todo ello fue decisivo para que Kropotkin, cuando empieza a pensar como anarquista, tuviera muy claro que era importante no solo hacer la revolución sino saber exactamente qué hacer el día después y cómo organizar la sociedad».

Destacó Norio que la madre de Kropotkin, muy buena y encantadora para él, fue siempre un referente «y tras su muerte se crió en un ambiente sin calor humano, salvo el que le daban sus siervos. Siempre le afectaba mucho el trato inhumano que éstos recibían, a pesar de que su padre no era especialmente duro con ellos». Pasó luego el joven Kropotkin a la escuela de pajes del Zar, en donde pronto sacaría provecho formativo en los trabajos de campo, aprendiendo matemáticas y geografía. Llegó a ser el número uno de la promoción lo que le dio el privilegio de ser paje personal del Zar Alejandro II. Posteriormente eligió irse a Siberia, «el basurero de Rusia», lo más lejos posible de ese mundo, que ya intuía que no era el suyo. Allí empezó a realizar estudios científicos, involucraba a la gente y eso le funcionaba «en vez de imponer como militar ponía en práctica la ayuda mutua y veía que era más práctica que la disciplina vertical», explica Norio.

Posteriormente, sigue relatando el conferenciante, abandona Siberia y el ejército y vuelve a San Petersburgo. Desde los movimientos decembristas la protesta fue calando pero se materializa en un marasmo de grupos que luego cuajarían en lo que se llamó nihilismo, término acuñado por Turguenev en ‘Padres e Hijos’, un movimiento de la juventud de las clases acomodadas que están descontentas con la desigualdad entre siervos y señores. Fue más bien un movimiento moral.

Los artículos científicos e investigaciones de Kropotkin le empiezan a abrir puertas en el mundo académico y se convierte en un experto en el fenómeno de las glaciaciones. Sin embargo, el ambiente opresivo ruso le hizo abandonar esos estudios y se marcha a Suiza, país en donde tras la I Internacional estaba lleno de anarquistas y discípulos de Bakunin. En el Jura conoce a Guillau y a Malatesta y descubre en una reunión de relojeros que era anarquista. Su primer acto ilegal fue llenar una maleta de literatura prohibida en su país y meterla a través de un contrabandista judío. Luego entra en el Círculo Chaikovski, también conocido como la Gran Sociedad de Propaganda era una sociedad literaria de tipo autodidacta y una organización revolucionaria de naródniks de principios de los años 1870.

Lleva una doble vida. De día es el príncipe científico y de noche se convierte en Borodin, un agitador que se disfraza de siervo. Finalmente acaba en la cárcel de San Pedro y San Pablo, trasladado luego a una cárcel militar, de la que acaba huyendo en una fuga «de película» y en la que colaboró mucha gente, explica TS Norio. Sale del país por Finlandia y Edimburgo hasta llegar a Londres, en donde se instala y trabaja, entre otros con la Enciclopedia Británica.

El Gobierno ruso consigue extraditarlo alegando que era miembro de la AIT, pero ya era un científocop reputado internacionalmente y hay escritos de Víctor Hugo, de la Universidad de Cambridge, de la biblioteca Británica en petición de su libertad. La presión internacional no puede parar la decisión del Gobierno y acaba en la cárcel de nuevo, en donde permanece tres años y en donde escribirá sus reflexiones sobre las prisiones y su función como escuela de criminales.

Amigo de Bernard Shaw, de William Morris, de escritores y artistas reputados de la época, que le apoyan y hablan de su bondad y alegría. En estos años profundiza cada vez más en el anarquismo y en su teoría de la Ayuda Mutua como factor de evolución. «Era un positivista del siglo XIX con una fe absoluta en la ciencia», explica Norio que añade que para él «este cientifismo quien mejor lo encarnaba era el anarquismo, que era el sistema más ordenado y evolucionado» .

TS Norio relata su «encontronazo» con los principales anarquistas del momento al tomar posición en la I Guerra Mundial a favor de los aliados y contra los alemanes. Se enfrenta así a Malatesta y a Emma Goldman entre otros, que defendían el antimilitarismo. «Este conflicto le desgastó mucho» y ya al final de su vida y tras 40 años de exilio decide regresar a Rusia, país al que quiere llegar de incógnito pero no lo consigue y tras pisar tierra rusa el presidente Kerensky le ofrece el ministerio de Cultura, que rechaza «es más digno ser limpiabotas», le contesta.. «Se pasó la vida diciendo no a los cargos que le ofrecían de todo tipo».. En su casa recibe cientos de visitas de todo el mundo, entre ellos Pestaña y Fernando de los Ríos, y critica la deriva que está tomando la revolución rusa. Siguió cooperando con la prensa anarquista internacional hasta que muere en 1921. «Cualquiera podía llamar a Kropotkin y visitarle». A todos atendía» explica Norio para quien la mayor característica que define a Kropotkin es que «predicaba con el ejemplo.

La celebración del centenario continúa con una charla sobre el Kropotkin científico a cargo del geólogo Jesús Aller y que tendrá lugar el próximo 12 de marzo en Cambalache