El anarquismo es en sí abolicionista de la prostitución. Y no tan solo eso, el anarquismo va
mucho más allá, por la simple razón de que se opone a toda forma de explotación, y a la
subordinación de unas personas ante otras. Quizás hoy, para mucha gente es difícil hacer esa
conexión, y es natural, como hijas e hijos de nuestro tiempo hemos sido criados en una
sociedad liberal hipersexualizada incentivada por el mercado, que nos ha hecho creer que o
aceptamos la hipersexualización venga de donde venga, o es que somos como la Iglesia;
anticuada y conservadora. No hay más, o eres una u otra.

Se nos dice que hemos interiorizado la cultura purista cristiana, que tiene miedo al sexo, que
todos estos discursos están anticuados. Pero no se plantean en ningún momento que hoy la
cultura que más regula las relaciones es la mercantil, prueba de ello es que hoy es más extraño
que una mujer en Occidente quiera ser monja a que una mujer se prostituya y lo encuentre
empoderamiento. ¿No está teniendo más influencia en nuestras relaciones el Mercado que la
Iglesia? ¿En qué año viven las personas que defienden tales argumentos? Y de igual forma,
¿No saben que la Iglesia entendió más de una vez a la prostitución como un mal menor y la
promovió e incluso regularizó en ciertos momentos? ¿No conocen la prostitución sagrada
llevada a cabo en templos religiosos?

Y como siempre, nos vemos obligadas a recalcar que las anarquistas jamás nos hemos opuesto
a la libertad sexual, afectiva y amorosa, es más, siempre la hemos defendido. A lo que nos
hemos opuesto es a que sea el mercado, el patriarcado, el estado, la iglesia y cualquier forma
de poder el que regule las relaciones.

Y yo me pregunto ¿Emma Goldman, Mujeres Libres y la gran mayoría de mujeres
anarquistas también eran puritanas? ¿Las mismas mujeres que lucharon a favor de una
libertad sexual y afectiva libre y respetuosa de verdad -no la que nos venden- serían hoy
acusadas de querer oprimir a otras mujeres?

El anarquismo tiene una gran tradición abolicionista de la prostitución, las mujeres
anarquistas se opusieron a la prostitución de manera clara y contundente. Entiéndase que el
abolicionismo para las anarquistas no es implantar ninguna ley. Nosotras hablamos de
reflexionar, analizar y trabajar desde la educación, la cultura y la lucha de clases y
antipatriarcal para que de verdad se lleve a cabo la abolición de toda explotación.

Es triste tener que escuchar y ver como se mete en el mismo saco a todo discurso que se opone
a la prostitución. Si no lo hacen con nuestras antecedentes, ¿por qué sí con nosotras? Supongo
que queda muy bonito alabar a las mujeres luchadoras de antes, el típico discurso de “antes
si eran feministas”, pero de otra forma. ¿Acaso es el mismo abolicionismo el de una cristiana,
el de una marxista y el de una anarquista? ¿No es lo mismo que englobar a toda persona a
favor del movimiento obrero bajo el término “bolchevique”?

Se dice que no usaban la palabra abolicionismo. Bien, también rechazaban la palabra
feminista y no veo que no usen tal término las mismas personas que niegan hablar de
abolicionismo. ¿Qué hay más abolicionista que hablar contra la prostitución y trabajar desde
la cultura y educación para acabar con ella? ¿Qué diría Emma si viese que hoy utilizan sus
escritos para legitimar a lo que ella misma se oponía?

Quienes hayan leído a Emma Goldman deben saber que también intentaba mantener relación
con curas y con carceleros y no veo a nadie decir que Emma estuviese a favor de la iglesia y
de las cárceles por ser humana y empática. La distorsión de sus escritos es la mayor prueba
de que hoy en día realmente se carece de comprensión hacia nuestras antecedentes, de
entender la esencia de por qué pensaban y escribían como lo hacían. Hay que leer teniendo
en cuenta en qué momento lo hacían, sus ideas y a qué se referían, no lo que nosotros
pensamos que decían desde la perspectiva de hoy en día.

Emma en su escrito La prostitución, se dirige a quienes quieren prohibirla sin hablar de las
causas que llevan a ella, principalmente económicas. Considera que la extirpación de este mal
solo acabará junto con la abolición de la esclavitud industrial, pero no entiende a esta como
un trabajo, sino como un mal social causado por el capitalismo, las religiones y su moral. Ella
misma es la que emplea el término de “mal social”. Y se dirige y arremete principalmente
contra el dualismo moral religioso, que por una parte ataca a la mujer prostituida y por otra
incentivó la prostitución, recordando momentos en que la Iglesia lo aceptó y promovió.
Indica así: “La faz más divertida de esta cuestión que acaba de hacerse pública, es la
superabundante indignación de nuestras buenas y respetables personas, y especialmente de
algunos caballeros cristianos, quienes siempre encabezan esta suerte de cruzadas y también
otras que surjan de cualquier parte o por cualquier motivo. ¿Es que ellos ignoran
completamente la historia de las religiones y particularmente de la cristiana? ¿Por qué
razones deberían gritar contra la infortunada víctima de hoy, desde que es conocido por los
estudiosos de alguna inteligencia que el origen de la prostitución es, precisamente, religioso,
lo que la mantuvo y la desarrolló por varios siglos, no como una vergüenza, sino digna de ser
coronada por el mismo dios?”

No veréis un solo artículo en el que Emma acuse a compañeras de puritanas por querer abolir
la prostitución, encontraréis eso sí, escritos en los que crítica a las políticas y religiosas que no
tienen en cuenta lo que lleva a una mujer a la prostitución. ¿Como si no hubiese aceptado ser
corresponsal y representante de la revista de Mujeres Libres, cuando en ella se promovía la
abolición de la prostitución?

Un ejemplo claro se encuentra en el número 3 de Mujeres Libres, concretamente en el escrito
“Elogio al Amor Libre” de Amparo Poch en el que dice: “La Vida está harta ya de la Mujeresposa, pesada, demasiado eterna, que ha perdido las alas y el gusto por lo deliciosamente
pequeño y por lo noblemente grande; está harta de la Mujer-prostituta a la que ya no queda
sino la raíz escuetamente animal…”

Es harto conocido que Mujeres Libres llevó a cabo varias tareas para acabar con las altas
tasas de prostitución, ya sea a través de liberatorios de prostitución, manifiestos interpelando
al varón libertario, promoción de la cultura y educación, divulgación del amor libre, etc. Este
abolicionismo tiene raíz en dos cosas; acabar con el dualismo religioso y patriarcal que
dictamina tan solo dos formas de vida para la mujer; la de mujer pública o privada y
promover las uniones libres (y no tan solo libres del estado o de la iglesia, también del
mercado).

Todas las mujeres anarquistas que trataban el tema giraban alrededor de esos puntos. Así de
claro deja tal dualismo Lucía Sánchez: “¿Sabe R.P. para qué se ha criado, para qué se ha
educado a la mujer durante miles de años? Exclusivamente para excitar los sentidos del
macho; para esto se le dijo que había nacido y para esto se le encaminó toda la vida. Su único
horizonte era y aún no ha dejado de ser, el prostíbulo o el matrimonio…”

Y lo mismo les pregunto yo a las personas que defienden esto como transgresor, ¿Hasta
cuándo no dejará de ser así? ¿Dónde está lo transgresor en romper solo con uno de los dos
caminos que se nos impuso? ¿Dónde está lo transgresor en excitar los sentidos del macho por
dinero? ¿Dónde está lo transgresor en ocultar la pobreza y la precariedad bajo el manto del
empoderamiento?

Basta ya de engañarnos con empoderamientos, queremos la liberación de la mujer y humana,
la liberación de la esclavitud y de la subordinación por un mundo que nos obliga a someternos
para comer. Deseamos la liberación de las relaciones humanas y un cambio radical en ello, a
la raíz, no nos conformamos con tiritas.

No nos autoengañemos, la prostitución es fruto de la desigualdad económica y social. Nunca
será un empoderamiento.