Una postura desde el anarquismo

Colectivos Solidarios

Recientemente se ha difundido un manifiesto redactado y aprobado por la FAI italiana en el que se hace una encendida defensa del antimilitarismo y el pacifismo enmarcada en el contexto de la invasión rusa de Ucrania y como contribución al debate que, en el seno del anarquismo internacional, se ha suscitado como consecuencia de esa crisis.

Si bien es cierto, como recogen, que “la respuesta a la crisis (de Ucrania) es el aumento del gasto militar y el refuerzo del papel de las fuerzas armadas en las decisiones políticas”, discrepamos en el enfoque de la FAI italiana respecto a la invasión de Ucrania.

A nuestro juicio es tan absurdo manifestarse a favor de la invasión rusa como en contra de quienes libremente luchan y se resisten frente a ella. Es como decirles que no intervengan, que se mantengan al margen y deleguen en el Estado ucraniano y su nazificado ejército, que ya se
encargarán de hacerlo por ellxs.

Desde luego nuestra postura es antimilitarista pero sin renunciar a la autodefensa armada frente a una agresión e invasión bélica de un Estado. Esto no quiere decir que no reconozcamos a quienes deciden huir porque no desean participar en una lucha por unos intereses que no consideran suyos. Entendemos que ambas posiciones tienen sus motivos.

Los compañeros italianos desarrollan, con gran acierto, el análisis libertario sobre la guerra y el antimilitarismo y, como anarquistas, nos parece correcta esta apreciación. Sin embargo, este manifiesto se refiere a la invasión de Rusia sobre Ucrania. El análisis del que a nuestro juicio se debe partir es el del derecho (natural) de todo pueblo a su autodefensa, una resistencia

que como anarquistas, consideramos esencial. En dicho contexto no entendemos que sólo se hable de guerras, militarismo y Estados, cuando, como ya hemos señalado y es obvio, esta crisis ha sido provocada por la invasión imperialista de Rusia sobre el pueblo ucraniano, que tiene el derecho natural a resistirse y no rendirse.

Benjamín Cano Ruiz, histórico militante anarquista y exdirector de Tierra y Libertad en el exilio mexicano en Qué es el anarquismo profundiza en este concepto:

Es un principio fundamental del anarquismo que si la comunidad debe ser defendida, ello deberá resultar por la acción voluntaria del pueblo. Esto conduce efectivamente a la crítica de que la comunidad anarquista no podría defenderse efectivamente a sí misma contra las altamente organizadas y disciplinadas fuerzas militares en que ordinariamente se constituyen en períodos de guerra. De hecho, no existe ninguna defensa para ello, mientras cada miembro no desee que la comunidad sea defendida; si cada uno lo desea, por ser de interés personal, voluntariamente se elegirán a sí mismas para efectuar la defensa.

Los anarquistas creen firmemente que “la guerra es la salud del Estado», y que, por consecuencia, siempre representa una amenaza para el desarrollo de la libertad, lo que es fatal. Militarizar una sociedad para luchar contra el autoritarismo significa una victoria automática para el autoritarismo. Por esta razón, los anarquistas insisten sobre la necesidad de limitar la actividad militar para la autodefensa comunal a través de milicias populares, y así se oponen a las fuerzas militares jerárquicas, dirigidas centralmente. En este contexto, el argumento que tal planteamiento perderá el apoyo popular, no es de ningún modo significativo. Las comunidades, de hecho, se defienden a sí mismas cuando existe un peligro real para su libertad. La objeción teórica concerniente a la no participación popular, pasa por alto los elementos psicológicos de la guerra y los efectos penetrantes de la presión social. Una comunidad coherente no tiene dificultad para asegurar su participación para su defensa, aunque el requisito anarquista acerca del voluntarismo resulta más y más difícil de cumplimentar en cuanto aumenta en magnitud la amenaza al grupo. La cuestión crucial es, por lo tanto, si la estrategia de la autodefensa popular puede ser efectiva cuando sea utilizada.

La respuesta parece ser que sí, que la autodefensa popular puede ser efectiva. Por ejemplo, el movimiento anarquista campesino del majnovismo en Ucrania desarrolló métodos sumamente exitosos de lucha guerrillera contra fuerzas superiores en sus batallas contra diversos ejércitos desde 1918-1921. El éxito militar de los majnovistas acabó tan sólo cuando su ejército, debilitado tras sus victorias contra las fuerzas derechistas, fue atacado por su anterior aliado: los bolcheviques. Las colectividades españolas también alcanzaron un destacado grado de movilización de la población durante el período de las milicias populares De hecho, el apoyo y la moral tan sólo declinaron significativamente cuando las milicias fueron militarizadas en manos del Estado. Experiencias recientes, tales como las guerras indochinas y la resistencia al colonialismo y al neocolonialismo en muchas zonas del mundo, han puesto en cuestión la habilidad del poderío de las Naciones-Estados para destruir con éxito (o con provecho) la oposición en zonas donde la guerra de guerrillas es vigorosamente apoyada por las comunidades locales que se sienten afectadas.”

Resistencia

Nos parece legítimo que el pueblo ucraniano se defienda, armas en la mano, contra el intento de supresión de su libertad y la destrucción de sus vidas, hogares y territorios.

Apoyamos la decisión de grupos autónomos anarquistas de combatir al Estado ruso invasor y nos duele que, salvo honrosas excepciones, el anarquismo europeo esté proclamando la no violencia y poco más que pidiendo al pueblo ucraniano que huya o se deje aplastar por los tanques rusos.

Lo más controvertido de la situación de los grupos de combatientes antiautoritarixs es su imposible encaje dentro de alguna estructura militar del Estado ucraniano, lo que representaría una falta de
autonomía. Pero más allá de esa inestable posición, si es que se da, no podemos descartar que lxs compañerxs antiautoritarixs ucranianxs sepan discernir y tomen las decisiones pertinentes, al margen de los intereses del Estado. Es desde ahí que surge esa red de múltiples formas de solidaridad que se extiende por varios países europeos y en la que cada grupo decide en qué cuestiones quiere y puede estar, y en qué otras no participa. En la revolución cotidiana de nuestras vidas nadie es imprescindible pero todxs somos necesarixs y no se puede menospreciar a quienes, sin coacción y por libre voluntad, deciden ser parte y manifestación de la resistencia de su comunidad frente a la invasión imperialista del Estado ruso.

Una de las principales críticas hacia los grupos autónomos antiautoritarios ucranianos es precisamente su posible participación de alguna manera dentro de la estructura militar del ejército ucraniano. Desde luego, no justificamos la integración en esa estructura, pero entendemos que se encuentran en una situación límite. En otras mucho menos graves, militantes que se dicen anarquistas de países ‘democráticos’ occidentales van a hacer talleres para lxs presxs a las cárceles, o trabajan para empresa multinacionales, nacionales o locales, estructuras todas ellas autoritarias y estatistas. Y sin embargo disculpamos esas contradicciones porque son las nuestras. Siempre es más difícil aceptar las contradicciones ajenas, aunque sean de compañerxs anarquistas, y desacreditar y descalificar lo que nos molesta porque nos coloca frente a un escenario de quiebra de nuestros dogmas que, por muy libertarixs que nos consideremos, también los tenemos, y esperamos que todxs lxs que se dicen anarquistas en cualquier parte del mundo hagan lo que haríamos nosotrxs sin atender a razones y contextos.

La resistencia es una libre decisión a la que no podemos renunciar y resistirse a la maquinaria bélica con flores y no violencia es de idiotas y mártires religiosos. Siguiendo a Peter Gelderloos, muchos
compañeros confunden ingenuamente el antimilitarismo con el pacifismo. Para combatir las agresiones armadas del Estado, el capital y sus invasiones imperialistas no queda otra, lamentablemente, que armarse. Ni el invasor va a volverse a su casa porque se lo digamos amablemente, ni los oligarcas van a devolver pacíficamente la riqueza social que se han apropiado sin que se la arrebatemos, ni los gobernantes van a querer disolver el poder para facilitar a la sociedad que se autoorganice libremente en una federación de comunas.

Pero tenemos en el anarquismo esta desgracia que ya vivió el propio Néstor Majnó cuando pidió apoyo a los anarquistas europeos y se encontró con un montón de intelectuales y teóricos elucubrando sobre si era necesario hacer la guerra revolucionaria o no, mientras morían sus hermanos en tierra ucraniana a manos de bolcheviques, blancos y verdes.

Cabe recordar que las asociaciones obreras y en especial las libertarias, al menos en la península ibérica, dispusieron siempre de esas estructuras de autodefensa no paramilitares que se nutrían de los numerosos grupos de afinidad que existían en las mismas. Comités de Autodefensa, constituyen la base de las primeras milicias libertarias en 1936. Eran los responsables de las acciones de autodefensa de la CNT.

Cuando el fascismo se alzó en España los anarquistas ya estaban armados (En Asturias desde la Revolución del 34) y preparados para el combate, lo que evitó un paseo triunfal del fascismo. ¿Fue una decisión correcta para el movimiento libertario? Hay que tener en cuenta que entonces, (como ocurre hoy en Ucrania) tomar esta decisión suponía estar del lado de una república burguesa que no era la nuestra, que encarcelaba y mataba a nuestros compañeros y compañeras (Casasviejas). De hecho, el apoyo y la moral tan sólo declinaron significativamente cuando las milicias fueron militarizadas en manos de la República.Pero sabían que lo primero era levantarse contra el fascismo y, a la vez, ir procurando la revolución social.

En Ucrania desde el inicio de la guerra se crearon grupos armados autónomos antiautoritarios, similares a las milicias de la CNT, integrados por muchos anarquistas y antifascistas, que también se sienten convocados por la resistencia y la libre autodefensa de los pueblos.

La cuestión es más bien cómo se articulan estas ideas de acuerdo al contexto y no como un dogma. Desde antes de la guerra ya se estaba hablando del tema y organizándose para actuar llegado al caso. Cuando entran las tropas rusas deciden levantarse contra la ocupación del territorio en el que habitan ellos y sus seres queridos. Y claro, la diferenciación entre nación, estado, territorio, terruño, siempre es complicada. Pero el sentimiento de estos compañeros y compañeras es el de autodefensa el deseo de defensa, no de la nación, sino de lo que los mapuche en el estado chileno llaman territorio -es decir, el trozo de tierra en el que habitas, pero que incluye todo, desde los pájaros, montañas y las personas-.

Siguiendo esta idea es importante también tener presente que lo que vislumbraban, el temor que tenían o tienen de ser invadidos y resultar las fuerzas rusas triunfantes, es no sólo el miedo al imperialismo ruso sino a lo que significa en tanto que dictadura y fascismo el régimen de Putin. Y en esto es importante entender la situación en el área.

Rusia es una dictadura, nuestrxs compañerxs están allí en las cárceles, escondidxs o en el exilio. Las posibilidades de actuación son muy escasas y siempre clandestinas. La situación de lxs anarquistas en Rusia es extremadamente precaria. En las cárceles la tortura es una práctica habitual, incluso para lxs niñxs, como la situación en la que se encuentran lxs chavalxs de 14 años del caso Minecraft. Es realmente un desastre. Y lo mismo es válido para Belarus, donde lxs anarquistas se temen incluso que la habilidad de Lukashenko le permita salir indemne tanto si Putin consigue o no sus objetivos.

Y en general, toda el área de las antigua URSS está en una situación tal que un país como Ucrania era considerado casi como una “isla de libertad” en la región. Desde luego no lo era, pero se hace necesario conocer el contexto. Así, la perspectiva de los y las anarquistas que luchan en Ucrania contra Putin es básicamente derrotar a Rusia, conseguir defender su territorio, sobrevivir en primer lugar. Luego, tanto nuestrxs compañerxs ucranianos como los rusos, bielorrusos y otrxs que también luchan por el bando ucraniano, creen que la única opción que existe de un cambio radical en la región es que dé al menos algo de aire para desarrollar algún tipo de actividad anarquista, algo que -entienden- sería posible si Rusia pierde la guerra. Eso, esperan, podría generar una desestabilización en la zona que podría llevar a alterar el status quo y derrumbar las actuales dictaduras. Obviamente esa nueva situación también puede ser aprovechada por la OTAN, desde luego. Pero lxs anarquistas tienen por ahora suficiente con Rusia. También para ellos es importante que la sociedad vea que lxs libertarixs han estado presentes, junto al pueblo, en esta situación, de tal forma que el día que acabe la guerra nadie les pueda objetar que han estado ocultándose entre sus libros. Lxs anarquistas de la zona no pueden rehuir el conflicto porque éste se encuentra allí, no se puede ignorar.

Lamentablemente muchos anarquistas, sobre todo de Europa occidental (no tanto de países del Este que sufren desde siempre el imperialismo ruso), critican que los anarquistas ucranianos se defiendan armas en mano, para no hacerle el juego al nacionalismo y a la OTAN. Prefieren que los tanques les aplasten (o tal parece).

Obviamente, como nos pasó en España en 1936, al oponerte a los rusos defiendes el espacio de libertad conquistada, pero, alguien puede interpretar que también estás del lado del Gobierno ucraniano. Esto no tiene porque ser así y, aunque se coincida en la lucha contra el ejército ruso ¿quién descarta que del levantamiento del pueblo armado no pueda surgir luego una revolución social? De entrada se niega la posibilidad de que las milicias armadas, tras echar al invasor, puedan crecer y organizarse para volver sus armas contra el gobierno y el poder. Se renuncia a la utopía.

Colectivos solidarios

Muchos anarquistas del mundo, entre los que nos incluimos, apoyan a los ‘Colectivos Solidarios’, una red de voluntarios antiautoritarios que reúne varias iniciativas de base. Colaboran de diversas maneras con el movimiento de resistencia ucraniano a luchar contra la invasión rusa, apoyan a las fuerzas progresistas en esta crisis, ayudan a las personas que sufrieron a causa de la guerra, (las trasladan si lo desean a territorios menos expuestos a las bombas o a la frontera) y difunden información sobre lo que ocurre en Ucrania.

Sus apoyos se dirigen a activistas antiautoritarios, a los sindicalistas y a los activistas de base que se han unido a las unidades autónomas militares. A día de hoy, los Colectivos Solidarios apoyan
regularmente a unos 150 combatientes antiautoritarios, muchos de los cuales se encuentran actualmente en alguna de las poblaciones que se resisten al avance del ejército ruso. Estas milicias reciben y transportan regularmente ayuda humanitaria a donde más se necesita medicamentos, ropa, alimentos, sacos de dormir y esterillas, quemadores de gas y combustible para ellos. Además promueven la solidaridad internacional para detener al imperialismo ruso o mitigar sus consecuencias destructivas.

Conclusión

En definitiva, entendemos que el análisis anarquista sobre la invasión de Ucrania no se puede hacer desde la equidistancia y la neutralidad con un planteamiento teórico descontextualizado de crítica a
la guerra entre dos partes cuyos intereses económicos y geopolíticos entran en conflicto, sino desde la libre convicción a la autodefensa y a la resistencia de un pueblo frente a un agresor imperialista, como es el caso. Es por ello que los anarquistas de todo el mundo deberíamos de poner en práctica nuestro principio de solidaridad internacionalista con aquellxs compañerxs que libremente decidan defenderse frente a cualquier agresión contra su comunidad, como ocurre en Ucrania, Chiapas, Rojava, Sudán y tantos otros lugares del planeta en los que se lucha por libertad y justicia social.

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