En el gran charco de los anarcos

Tomado de Le Monde Libertaire N° 1830 Verano 2021.

Brassens et l’anarchie. Sur la grand-mare des anars por Roméo Boccara.

Traducción de Gregoriux (GHC)

George Brassens

Brassens anarquista, eso parece casi un pleonasmo… ¡es Ferré mismo quien os lo dice! Ferré, porta-estandarte proclamado y por supuesto aclamado, que enardecía a las multitudes con cada estribillo de «Ni dieu ni maître» (Ni dios ni amo)… Ferré, no precisamente de género modesto, por lo demás, había bien encontrado su «no-amo» en el oficio: «Si hay un anarquista, es él, se siente en todo lo que hace». Gracioso anarquista, sin embargo, este pájaro que, contrariamente al Léo rugiente, el bonachón Georges no tiene qué ver gran cosa con el cliché del anarco experimentado: esa suerte de tío que casi, posaría para la foto, bandera negra en la mano izquierda, cóctel Molotov en la derecha, y el eslogan en sus labios, como un buen Júpiter provisto de sus atributos.

Brassens, un anarco no como los otros….

Parece más bien que para Brassens, la bandera negra no es adecuada más que para flotar sobre una marmita (lo que bien puede inspirar melodías muy bonitas1). En cuanto a los cócteles Molotov y la propaganda por el hecho, no son realmente su género: puestos a elegir él prefiere los ladrones a los asesinos (compondrá incluso una canción en homenaje a su ladrón personal2. Respecto a los eslóganes revolucionarios dirá que «no gritar ‘haro sobre el baudet’ en el momento en que todo el mundo grita ‘haro sobre el baudet’, es una forma de compromiso como otra3«. Poca suerte, pues, para oírle clamar alto y fuerte (y a caballo sobre los tejados) su amor por los anarquistas y su musa, en la gran A. Morir por las ideas, muy poco para él4: cantar en su nombre, no más.

Por otra parte, para ser exactos, la palabra «anarquía» no aparece más que, apenas, una vez en su repertorio: en Hécatombe (1953), canción de sus inicios. De un tiro, en materia de eslóganes, vamos triplemente servidos: un mordaz «Mort aux vaches! Mort aux lois! Vive l’anarchie!» [Muerte a los policías y soplones! Muerte a las leyes! Viva la anarquía!]. Y ponía a aplaudir a todos y a todo romper, una sala en gran parte adquirida por la causa Anarca y el resto completamente adquirida a la suya… Entonces, Maxime Le Forestier, cuenta que al terminar la canción en cuestión, tonton Georges, desencantado, como a veces sabe estar, se giraba hacia Pierre Nicolas, su contrabajista, y murmuraba entre labios: » estos idiotas, y decir que ni siquiera saben lo que es la anarquía5…»

Esta frasecita susurrada a su compadre de escenario recuerda un aspecto completamente esencial en el espíritu de Brassens: el anarquista auténtico no tiene necesidad de gritar «viva la anarquía» para que ella viva, la anarquía… No: para hacerla vivir hace falta vivirla, eso es todo. Es pues en lo concreto de las cosas donde se juega todo. Eso aparece de manera límpida en ese precioso pasaje en el que da, tal cual, su propia definición de la anarquía— teniendo cada uno/a del asunto «una idea completamente personal», como se complace en recordar6: «es para mí una filosofía y una moral a la que me acerco lo más posible en la vida de todos los días, intento alcanzar el ideal. El anarquismo no es sólo la rebelión, la revuelta, es más bien un amor a los hombres7

Definiendo el anarquismo como una moral — «una manera de concebir la vida«, precisará en la misma entrevista, historia que no se irá a buscar bajo el término ambiguo un dogma en diez mandamientos— mientras que su época tendía a definirlo como una doctrina política, Brassens recentra inmediatamente su enfoque en torno a los individuos humanos y sus lazos cotidianos. «El ideal» anarquista, según él, no es un proyecto de sociedad, o, por retomar una expresión que le gustaba, una especie de «solución colectiva«. Su escala no es el mundo: ¿cómo creer, con buen sentido que un simple individuo, o incluso que un grupo de individuos, por arrojados que ellos sean, pueda iniciar un verdadero cambio para la toda la sociedad? » Si yo estuviese persuadido que cambiando a izquierda o derecha, que haciendo esto o aquello, el mundo iba a cambiar, hacéis bien al pensar que lo haría, sacrificaría mi pequeña tranquilidad. Pero es porque no creo mucho en eso. «

Hay ahí, en efecto, un cierto desengaño (el » escéptico notorio» de su propia canción es un poco él, necesariamente8). Sin embargo, no nos equivoquemos: esta elección de anclar su anarquismo en las relaciones entre individuos no tiene nada de una opción por defecto. Brassens no renuncia «al ideal»: él le da un terreno concreto. El objetivo que se fija en lo cotidiano se mantiene como una cima de exigencia y de belleza: el «amor de los hombres», ni más ni menos. Así pues, responde a los que quisieran hacerle decir que su rechazo de la «solución colectiva» lleva a la amargura y a la inacción: «Yo no hago nada. Hago algo junto a mis amigos, con mis vecinos«. Dicho así, no es gran cosa («es un modesto9«, recuérdelo); y sin embargo, es enorme.

La anarquía como amor de los hombres.

El anarquismo como «amor de los hombres»… Presentado de esta manera, la moral que Brassens reivindica como ideal anarquista se asemeja furiosamente, a pesar de todo a la quintaesencia del mensaje cristiano. El devorador de curas, que tanto se complace en «patearles el culo en el nombre del padre, del hijo y del Espíritu Santo10«, parece muy alejado de repente. Pensemos en L’Auvergnat (1954) por supuesto, a este famoso Padre eterno al que la gente que sabe amar a los hombres debería ser toda conducida11… ¿Y si en realidad el anarquismo de Brassens era el nombre que daba a su catecismo? El padre Duval, ese valiente «catecúmeno» al que menciona en Les trompettes de la renommée, ¿no sería en el fondo, su doble –»el energúmeno» sin el bonete12? No por nada ese improbable sacerdote cantor habría sido apodado «el Brassens en sotana» : como si el hábito solo hubiera podido distinguirlos, pero sin hacer a uno más monje que al otro… No por nada Brassens apodó con un sobrenombre religioso a aquel que fue a la vez su gran amigo y «el ser más importante que exista en la canción13«: el Abad Brel.

Si bien se come a veces a los curas, Brassens no se los come a todos. Un cura que supiera dar amor a sus feligreses, como el de La messe au pendu14 por ejemplo, tendría toda su estima. A fin de cuentas, lo que distingue el anarquismo de Brassens del cristianismo no fue tanto el contenido de la moral cristiana original sino esta pequeñez absolutamente esencial: ningún dios ni amo curetón, ¡ninguna autoridad debe imponernos moral alguna!, fuere esta la que fuere. Toda moral es individual e individualmente elegida, o no es. En relación con el amor de los hombres, el Padre Eterno de L’Auvergnat tiene toda la bendición de Brassens… pero en cuanto a la forma, su ejército de curas predicadores –practicando muy poco el amor de los hombres por lo demás— ¡bien podría haberse abstenido! El anarquismo de Brassens: amar a los hombres, tratando de decir mierda para nunca tener qué decir amén.

Más concretamente, ¿cómo practica Brassens su anarquismo entendido como «amor a los hombres»? No nos hace falta ir a buscar muy lejos, ni de su vida ni de su obra para responder… Los hombres que él ama se agrupan bajo un témino genérico bien conocido:los compañeros. Amar a los hombres es practicar la amistad, y eso no es cualquier cosa para hacer, no es bisutería. ¡La amistad! Hay reglas a respetar escrupulosamente para practicarla bien, y navegar padre tranquilo en el estanque de los anarcos. Entre todas la regla de oro es la siguiente: no ser demasiados, es decir, no más de cuatro — a partir de cinco se vuelven grupo, y los individuos se disuelven. Toda vez que nos convertimos en una banda de tarugos — o de crápulas ladrones de joyas, para el caso lo mismo15.

Existe una alternativa anarquista al cuarteto: es la de permanecer solo. En ese caso nos queremos a nosotros mismos y eso está muy bien. Pasa a veces que el rebaño es casi demasiado pesado para los hombros de nuestro cantor : «Los hombres son hechos, nos dicen, para vivir en banda como las ovejas…Yo vivo solo, y no será mañana que vaya a seguir el camino recto16 «. Si el anarquismo es una filosofía, Brassens tiene mucho de filósofo : en la estela de Heráclito y de Nietzsche, la soledad es también para él, un modo de mantenerse » apartado de la plaza pública17 «, de distanciarse serenamente de una sociedad a la cual no se adhiere y en la que los tarugos detentan, mayoritariamente, el derecho de ciudadanía. Podemos, entonces, precisar : la anarquía para Brassens, es amar a los hombres que valen la pena de ser amados, pero no más de tres a la vez, y siempre manteniéndose alejado de los demás (ordenados elegantemente bajo la categoría de «idiotas»). Y todo el asunto siempre diciendo mierda, por supuesto…

» El amor a los hombres «, de acuerdo, pero ¿las mujeres a todo esto? No es anodino que Brassens no las mencione directamente. Si amar a los hombres es una tarea muy delicada, tratándose de las mujeres eso se convierte decididamente en un trabajo de orfebre… Al implicar la amistad una relación tanto estable como duradera, puede parecer muy difícil para una sentimental como Brassens, hacer de una mujer una amiga — y él por supuesto rehúsa ceder a esa eternidad enjaulada que se llama matrimonio18. «Misoginia aparte19 «, decimos que el amor, al nutrirse de pasiones efímeras, lo complejiza todo; tiende a atrapar la relación en la trampa — maravillosa, por lo demás — del instante profundo. Así, las mujeres, en las canciones de Brassens, son más a menudo transeúntes, ocasión de una aventura extraordinaria en el recodo de una noche de tormenta, en la esquina de un paraguas o en el claro de una fuente.

En su vida, sin embargo, Brassens ha tenido amigas, fruto femenino de su anarquismo: Püppchen, la pequeña » poupée » la muñequita ante la cual se hacía muy pequeño20 y que habrá visto envejecer con el mismo asombro que una flor de otoño21; Patachou, la que lo revelará a los ojos del gran público, con la que registrará una canción a dúo22; La Jeanne, por supuesto, que lo albergó en Florimont callejón sin salida; y aún esa » pobre ratoncita de sótano23 «, compañera de su amigo Moustache… Para dos de ellas, Püppchen y Jeanne, la amistad se duplicó incluso en una relación de otro género: como si la casi imposible alquimia de sus canciones en cuyo crisol las mujeres se evaporan antes de haber podido convertirse en otra cosa que amantes, reflejaba poco y mal la realidad de su propia vida a él, «el fiel absoluto24 «. Anarquía, pues : amar a los hombres… y a las mujeres que no quieren hablar sólo de amor.

La anarquía como revuelta

Si el amor a los hombres, la vertiente positiva del anarquismo de Brassens es su vertiente prioritaria, pero no es todo –eso no puede ser todo, por supuesto. Cierto que Brassens recuerda con firmeza que «la revuelta no es suficiente y, por sí sola, «puede llevar a cualquier cosa, incluso al fascismo25«; pero la contestación crítica sigue siendo esencial tanto en su vida como en su obra. En Brassens (como en Nietzsche, otra vez) el sí precede al no, la rebelión procede del amor… Es necesario, en nombre de ese amor, denunciar a aquellos que lo malversan. Aquellos que con el pretexto de una sociedad mejor, o de un amor semejante justamente –como esos queridos curas— se invisten de autoridad para cometer las peores fechorías. En fin, por secundaria que ella sea, existe la revuelta.

Ella se manifiesta, de hecho, desde su más tierna edad, como alumno turbulento sobre los pupitres de la escuela, luego a través del robo de la canción de Quatre bacheliers [Cuatro bachilleres]26. Llegado a Paris, la contestación se precisa : se fuga del STO* durante un permiso ( es entonces cuando se instala en casa de Jeanne en la cerrada Florimont). Poco tiempo después decidió comprometerse con la vía de la militancia activa : asiste entonces a sus clases políticas en la Federación Anarquista de 1946 a 1948 mientras al mismo tiempo mantiene una columna –de tono chusco y panfletario— para cierto periódico, «Le Libertaire» (bueno bueno…). Por lo demás él mantendrá toda su vida lazos de corazón con la FA: «Yo no rompí nunca con ellos, dirá, pero en fin no milito ya como antaño 27.«

Él militar´s, en efecto, de otra manera, a través de sus canciones. En sus textos se trasluce el rechazo a la autoridad bajo todas sus formas –prioritariamente la policiaca y la religiosa—. Pero el punto de mayor contestación concierne a esa forma genérica de autoridad que se llama la patria: esta «Madre Patria» que remite a la vez al padre, por la etimología y a la madre por la expresión, en una redoblada autoridad soberana. Por rechazo a ese dogma, Brassens se rehusará a cantar la última estrofa de Il n’y a pas d’amour heureux 28, a su gusto, Louis Aragon se mostró ahí, demasiado patriota…

De ese rechazo a la patria se deriva directamente su compromiso antimilitarista: La guerre de 14-18 y luego, sobre todo Les deux oncles –que llama a la pacificación de los pueblos alemán y británico, y por cierto será la única canción censurada de Brassens— testimonian ese compromiso. Morir por las ideas, ya, a Brassens no es que le guste mucho29… pero jó! Morir por la idea de la patria, eso ni hablar.

Y, sin embargo, una de las cosas que más a menudo se le reprochará, es justamente de carecer de ese compromiso crítico. Esa será, por otra parte, su gran diferencia con un cantor como Jean Ferrat, y el núcleo del debate de formidable intensidad y sabiduría en el que se enfrentan en televisión30. Brassens aprovechará precisamente ese tiempo de diálogo para explicar en detalle su posición: su compromiso crítico es innegable; sencillamente su contestación no es frontal, sino estética. Es a través de textos poblados de buenas palabras y cargados de dulce-amarga ironía que Brassens denucnia. Este camino estético de la contestación, que no es una línea recta hacia el objeto de la crítica, sino un sabio desvío para llegar mejor a su corazón, le parece no sólo más apropiado –nadie tiene derecho de usar la autoridadpara decir a los demás lo que hay qué pensar31 —sino también más eficaz: decir <<culo en el aire compañero>> nunca tuvo el efecto deseado en nadie.

El modelo de Brassens son las fábulas de La Fontaine, uno de sus libros de cabecera: contando pequeñas historias sobre el amor de los hombres o sobre la propensión que algunos tienen a no amarlos, habrá sin duda más posibilidades de cambiar algo en el alma de las personas y, por consecuencia en toda la sociedad… Incluso si ello comienza por un pequeño trozo de felicidad de tres minutos.

1 Cf. Le drapeau noir flotte sur la marmite, película de Michel Audiard con música de Brassens, 1971

2 Cf. Stances à un cambrioleur, 1972 : «Prince des monte-en-l’air et de la cambriole, toi qui eus le bon goût de choisir ma maison, cependant que je colportais mes gaudrioles, en ton honneur j’ai composé cette chanson». [Príncipe de subir el aire y el pillaje, tú que tuviste el buen gusto de escoger mi casa, mientras yo repartía/divulgaba mis dichos licenciosos y picantes, en tu honor yo compuse esta canción.]

3 Cf. «Entrevista Brel, Brassens, Ferré» por Franҁois-René Christiani, INA 1969.

4 Cf. «Entrevista Brel, Brassens, Ferré» por Franҁois-René Christiani, INA 1969.

5 Cf. Maxime Le Forestier; Brassens et moi, Stock, 2021.

6 Cf. «Entrevista Brel, Brassens, Ferré» por Franҁois-René Christiani, INA 1969.

7 Cf. Ibid.

8 Cf. Le sceptique (canción póstuma, cantada por Jean Bertola): «Tengo ganas de recorrer las aceras con esta divisa escrita en mi gibus: “No creo una palabra de todas esas historias.”

9 Cf. Le modeste, 1976.

10 Cf Grand-père, 1957.

11 Cf. L’auvergnat, 1954: «Qu’ils te conduisent à travers ciel, au Père Éternel».

12 Cf. Les trompettes de la renommée, 1962 : «Él el catecúmeno, y yo: él me deja decir “mierda”, yo le dejo decir “amén”!».

13 Cf. «Brassens habla de Brel», INA, 1978.

14 Cf. La messe au pendu, 1976 :»Ce ratichon fit un scandale, et rugit à travers les stalles : « Mort à toute peine de mort! »» [Este sinverguenza armó un escándalo, y rugía a través de la sillería del coro : “¡Muerte a toda pena de muerte!”]

15 Cf. Les quatre bacheliers: «Pour offrir aux filles des fleurs, sans vergogne, nous nous fîmes un peu voleurs…». Esta canción habla de un episodio auténtico de la juventud de Brassens.

16 Cf. La mauvaise herbe, 1954.

17 Cf. Les trompettes de la renommée, 1962.

18 Escribió sobre este tema La non-demande en mariage, 1966. [La no proposición de matrimonio].

19 Cf. Misogynie à part, 1969.

20 Cf. Je me suis fait tout petit, 1956.

21 Cf. Saturne, 1964 : » C’est pas vilain, les fleurs d’automne, et tous les poètes l’on dit… je te regarde et je te donne mon billet qu’ils n’ont pas meti. » [No está mal, las flores de otoño, y lo dicen todos os poetas… yo te miro y te doy mi palabra de que no han mentido.]

22 Cf. Maman, papa, 1952.

23 Cf. Élégie à un rat de cave, 1979.

24 Cf. Le fidèle absolu (Canción póstuma, nunca grabada) : «je n’ai vu qu’un amour, un seul, mais je l’ai vu, et ce grain de beauté a su combler ma vue. » [Sólo he visto un amor, sólo uno, pero lo he visto, y ese lunar ha sabido colmar mi vista].

25 Cf. Entrevista Brel, Brassens Ferré. Loc. cit.

26 Cf. Supra : nota 15.

*Servicio de trabajo obligatorio, fue un servicio de reclutamiento obligatorio implantado durante la ocupación alemana de Francia, para trasladar contra su voluntad a cientos de miles de trabajadores a Alemania a fin de ponerles a trabajar en el esfuerzo de guerra alemán.

27 Cf. Entrevista Brel, Brassens, Ferré. Ed. citada.

28 Cf. Il n’y a pas d’amour heureux [No existe el amor feliz] » Il n’y a pas d’amour dont on ne soit flétri, et pas plus que de toi l’amour de la patrie…»

29 Cf. Supra nota 4.

30 Cf. «Brassens, Ferrat: la rencontre», INA, 1969.

31 Cf. Le vieux Normand (canción póstuma cantada por Jean Bertola: «Crosse en l’air ou bien fleur au fusil : c’est à toi d’en décider, choisis! » [Culata al aire o bien una flor en el fusil, es tu decisión, ¡elige!