F. Romero

Ricardo Mella fue el pensador libertario que formó ideológicamente a Eleuterio Quintanilla, Sierra, Marcelino Suárez y José M. Martínez. Las ideas de Mella prendieron con fuerza en Asturias, en donde estuvo varios años, apartando definitivamente a los trabajadores del republicanismo.

En mayo de 1901 nace en Gijón el periódico La Defensa del Obrero, financiado por los fondos de las sociedades obreras locales y regionales y la solidaridad de otras partes del país. Entre sus principales articulistas destacaban Ángel García y José Lorenzo. En este primer diario proletario asturiano ya aparecen en su redacción algunos trabajadores formados en las ideas antiestatistas, apoliticistas, internacionalistas y antiautoritarias de los primeros anarquistas. En los albores del siglo XX ya había en Asturias una conciencia de clase y unas ideas. Sus principales núcleos estaban en Gijón y en La Felguera.

En La Felguera, pueblo asturiano que menor índice de analfabetismo de España tenía en los años finales del XIX, llegaban además otras muchas cabeceras anarquistas cuyos artículos fueron propagándose de casa en casa, de taller en taller, de plaza en plaza, prendiendo la mecha del ideal ácrata. Entre ellos estaba La Fraternidad (Gijón, 1900), Tiempos Nuevos (Gijon 1905) Solidaridad Obrera de Gijón y El Libertario. En su financiación colaboraban también las sociedades obreras de La Felguera.

La prensa obrera más conocida en estos principios de siglo era Aurora Social, órgano de la Federación Socialista Asturiana, que se editaba en Oviedo y Acción Libertaria que aparecía semanalmente en Gijón, en la que participaban Eleuterio Quintanilla, Pedro Sierra y Marcelino Suárez. El histórico cenetista felguerino Aquilino Moral dice en sus memorias que la lectura de los mencionados periódicos “sirvió para que pronto me iniciara en la lucha por el progreso y la libertad”. No fue una aventura en solitario. Muchos otros en su pueblo lo hicieron.

La historiadora Ángeles Barrio afirma que el dirigente socialista gijonés Manuel Vigil achacó el fracaso del socialismo en esa ciudad a la influencia anarquista que difundió un propagandista procedente de Cataluña. Se llamaba Ignacio Martín. El propio Manuel Vigil dirá poco más tarde:

“Llegó un refuerzo para la hueste anarquista. Un tal Martín, que como todos los pedantes fue una calamidad hasta que obligado por las autoridades marchó del pueblo dejando ya casi terminada su obra de desorganización obrera. Gracias a la ignorancia de los obreros, y al charlatanismo del citado ácrata Martín, los anarquistas se hicieron casi dueños de la Fábrica de Moreda y Gijón, que constituyeron diversas sociedades”.

Ignacio Martín, que no era ningún pedante, procedía de Cataluña y ciertamente era anarquista. Firme partidario de amalgamar la lucha anarquista con la acción obrera, fue enemigo acérrimo de subordinar el sindicalismo a la política partidaria y al “tacticismo previsor” o de constituir una organización de lucha sindical o política jerarquizada, con sus comités decisorios y rígidos estatutos y procedimientos, tal y como preconizaba Pablo Iglesias y le seguían fielmente los socialistas gijoneses. Enseguida, Martín inició su labor de difusión doctrinal, en primer lugar entre sus compañeros de trabajo en la Fábrica de Moreda. Con gran sorpresa de los socialistas, ya organizados, la palabra de Martín caló con gran ímpetu en los medios obreros. Su presencia en Gijón acaba rápidamente, al ser acusado de agitador. Fue expulsado de la fábrica de Moreda y obligado a abandonar la ciudad por orden gubernativa.

Sin embargo, la labor de difusión de la doctrina anarquista no se quedó en Gijón. Los grupos ácratas se dispersaron por otras zonas de Asturias y hubo contactos con los obreros de La Felguera, organizados en algunas  sociedades mineras y metalúrgicas.

Tampoco en La Felguera los socialistas consiguieron atraer a los trabajadores hacia sus organizaciones.

En 1903 tuvo lugar una huelga en Duro Felguera que se salda con el despido de un centenar de trabajadores, obligados a abandonar la localidad felguerina. Dice Ramón Álvarez que fue una derrota temporal “que ayudó a tomar conciencia a la población obrera y que marcaría el destino combativo de estos trabajadores que mantendrían los conflictos más largos y accidentados”. Desde 1901 las movilizaciones en Asturias se suceden y se intensifican con la propaganda de la huelga general de los anarquistas, abriendo las primeras grietas entre obrerismo y republicanismo.

La huelga general

La propaganda anarquista en Asturias propugnaba en estos años el antiestatismo, el antipoliticismo y el antilegalismo, prescribía un sindicalismo revolucionario y ensalzaba la huelga general. Las diferencias entre socialistas y anarquistas eran en los primeros años del siglo XX muy importantes. A través de Solidaridad Obrera de Barcelona, que se enviaba a Asturias, van poco a poco calando los principios del sindicalismo revolucionario francés e italiano y van siendo acogidos por una nueva generación de trabajadores. La Carta de Amiens, que recogía los principios del sindicalismo revolucionario de la CGT francesa, propone la huelga general como la herramienta de lucha necesaria para llegar a una nueva sociedad.

Pero sin duda, y como reconocen la mayoría de los historiadores de dentro y fuera del anarquismo, el principal difusor del ideario ácrata en La Felguera y también en Gijón fue Ricardo Mella, cuya influencia fue decisiva para la formación de los anarquistas en Asturias. Él traía a estas tierras dominadas por los socialistas una alternativa obrera:

“…De Don Pablo es el discurso aconsejando a los obreros poco menos que incondicional sumisión a los capitalistas. No satisfecho con recomendar calma, mucha calma; prudencia, mucha prudencia, y la formación lenta y segura de formidables asociaciones, formidablemente reglamentarias; persiste en la manía de las cajas de resistencia, como si frente a los millones del capitalismo asociado, importasen un comino los ochavos del obrero; persiste en la manía de las huelgas estudiadas como un problema de álgebra, preparadas como una hornada de pan. Y es que para el obrero español, revolucionario cuando era federal, revolucionario ahora que es socialista, y más que socialista, anarquista, son las predicaciones del moderantismo predicaciones en el desierto. El periodo actual es de lucha económica con carácter agudo; a pesar del estado excepcional reinante, la agitación obrera no cesó un momento. El grito popular es en las comarcas industriales el de la revolución social; las huelgas propenden cada vez más a la violencia y se generalizan notablemente; parece que aquello de limitarse a pasear la holganza con las manos en los bolsillos no cuaja y se queman fábricas, se asaltan las casas de los grandes negociantes, se pone en precipitada fuga a las autoridades y, en fin, proceden los obreros como si se les hubiera agotado aquella santa resignación que predicasen sus mayores”.

El 11 de junio de 1881 había aparecido en Madrid La Revista Social promovida por el pensador y escritor Serrano Oteiza. Era una publicación abierta en la que colaboraron N. Palacio (Hope), A. Orcal, S. Espí, Vanoncí, José García y otros. De la revista era asiduo lector Ricardo Mella y, según contó él mismo, se convirtió al anarquismo por lo que leyó en sus páginas. Su tirada llegó hasta los 20.000 ejemplares hasta que dejó de existir en octubre de 1885.

Ricardo Mella fue el pensador libertario que formó ideológicamente a Eleuterio Quintanilla, Pedro Sierra, Marcelino Suárez y José María Martínez. Las ideas de Mella prendieron con fuerza en el núcleo obrero de La Felguera, apartando definitivamente a los trabajadores del republicanismo político. El propio Higinio Carrocera, como otros compañeros suyos, beberá de las ideas de Mella.

Mella llega a Asturias

Mella llegó a Asturias entre 1901 y 1902 como topógrafo de un tendido ferroviario secundario de la región, trabando relaciones con los grupos anarquistas de Gijón y La Felguera. Uno de los primeros en conocerle fue Eleuterio Quintanilla, que debía de tener unos 16 años. El encuentro sucede en la primavera de 1903 con motivo de una conferencia en el Instituto Jovellanos titulada Las grandes obras de la civilización. Junto con Pedro Sierra, Mella puso en marcha hacia 1908 el periódico Acción Libertaria.

Nacido en 1861 en Gamboa (Vigo), donde termina sus estudios primarios, empieza a trabajar muy joven, a los 14 años, en una agencia marítima. Desde este momento y durante toda su vida será un estudioso y llegará a aprender varios idiomas. En 1887 se adhiere al Partido Republicano de Pi i Margall y en 1888 pone en marcha su primer periódico La Verdad y luego La Propaganda. Influido por La Revista Blanca que se publica en Madrid. Pronto se va a identificar con su ideario anarquista y pasa a defender el colectivismo.

En 1883 se hace topógrafo, profesión que no le abandonará en su vida laboral y que culmina como director gerente de la Compañía de Tranvías de Vigo. Sus influencias teóricas provenían de Proudhom, a través de Pi i Margall. Enseguida colabora en numerosas publicaciones ácratas y sus escritos fueron solicitados por otras publicaciones tanto españolas como extranjeras. En el periodo 1890 a 1900, como dijo de él Jose Prat “estaba animado de una fuerza de pasión revolucionaria que necesitaba manifestar del modo para él más factible: en el periódico y en la revista, en el folleto y en el libro”. Uno de sus principales trabajos fue La coacción moral de 1901 cuya primera edición se agotó y que publica justamente cuando se instala en Asturias en donde permaneció 9 años, de 1901 a 1910, una década decisiva para la formación de la conciencia anarquista en los grupos de Gijón y La Felguera. En Asturias nacieron tres de sus hijas: Alba, Luz y Alicia.

Su primera residencia asturiana fue en el concejo de Sariego, entre Siero y Villaviciosa. Allí participó como topógrafo en las obras de construcción del ferrocarril. En 1902 publica en La Revista Blanca “La bancarrota de las creencias” en donde combate el sectarismo de algunos grupos anarquistas suscitando una agria polémica. Un año después se traslada con su familia a Sotrondio, en el corazón de las cuencas mineras. A partir de esta fecha se recluye en un prudente silencio y deja de escribir artículos en la prensa libertaria para evitar polémicas, aunque sí manda alguna colaboración a publicaciones italianas y argentinas y también a El País de Madrid contra la represión por los sucesos de la Semana Trágica de Barcelona. Su paso por Asturias concluye con sus colaboraciones (sin firmar) en Tribuna Libre de Gijón y Solidaridad Obrera. Cuando se va en 1910 para Vigo deja como “herencia” la creación de un periódico: Acción Libertaria, primero en Gijón y posteriormente en Vigo y en donde, además de su pluma, participan José Prat y el propio Anselmo Lorenzo.

El periodista Antonio García Oliveros relata también el peso que Mella tuvo entre los núcleos anarquistas asturianos:

“En 1908 Oviedo aparecía ganado por la preponderancia socialista y Gijón por la del anarcosindicalismo. Al frente de esta doctrina, Asturias conoció a Ricardo Mella, gallego, hombre de gran lucidez, como de bondad de corazón. Mella, fallecido en Vigo, hizo discípulos en Gijón como Anselmo Lorenzo en Barcelona, que dieron a la ideología anarcosindicalista un impulso notable. Entre los hombres de la nueva generación preparada por Mella, destacó brillantemente Eleuterio Quintanilla”.

Álvarez Palomo, por su parte, considera que la presencia en Gijón en esos años de Ricardo Mella fue decisiva porque dio legitimidad doctrinal a un grupo:

“minoría culta e instruida dentro del anarquismo local, para ponerse al frente de una organización que se hallaba en plena transformación, desbancando en La Felguera a los socialistas con la creación de una pequeña Federación local de sociedades del metal entre los obreros de la Duro-Felguera, con la que mantuvieron relaciones fraternales en lo sucesivo”.

Se puede decir que Mella fue el combustible ideológico del anarquismo asturiano. Sus ideas fueron difundidas por sus discípulos en los talleres y fábricas de Asturias, prendiendo con fuerza en Gijón y La Felguera.